Cada vez más ciudades se están enamorando de los carros de golf

Cada vez más ciudades se están enamorando de los carros de golf

Desde los suburbios de Atlanta a Palm Springs, los coches de golf y los comúnmente denominados ‘vehículos eléctricos de proximidad’ (NEVs) se encuentran, cada vez más, fuera de sus vínculos tradicionales.

 

En uno de los vídeos promocionales de ‘The Villages’, la principal ciudad de Florida para la gente mayor, todo gira alrededor de los coches de golf eléctricos. Imagina por un momento un episodio del popular programa de televisión sobre customización de coches, Pimp My Ride: Algunos de los vehículos han modificados para parecerse al Modelo T, a camiones de bomberos, o los Thunderbirds, o pintados con los colores que distinguen a los equipos deportivos de sus ciudades natales. En una ciudad sin hijos nativos, los coches son expresiones de identidad.

Además, son el principal modo transporte. En los pueblos, de acuerdo con el libro ‘El JovenViejo: utopías urbanas de una sociedad envejecida’, del arquitecto Deane Simpson, hay 50.000 coches de golf y 90 millas de infraestructura dedicada exclusivamente a ellos. Las instalaciones para automoviles como los drive-ins y los túneles de lavado han sido adaptadas. Puentes y caminos para coches de golf conducen a zonas de estacionamiento para coches de golf. De hecho, hasta uno de cada tres viajes que se realizan en esta ciudad de 110.000 habitantes son hechos con golfcarts.

 

En el vídeo, un hombre se jacta de vender su coche. Otro reivindica: “Es nuestro principal medio de transporte.” Un tercero afirma: “Yo no podría vivir sin mi coche de golf”.

 

Décadas después de que hiciesen su aparición en terminales de aeropuertos, parques temáticos y campus universitarios, los coches de golf y sus primos más ‘creciditos’, los conocidos como ‘vehículos eléctricos de baja velocidad’ (low-speed electric vehicles), están ganando la batalla de ser la opción de movilidad más rentable para los bolsillos americanos. Excepcionalmente, en lo que a la tendencia de transporte se refiere, son los estadounidenses de edad avanzada los que están en vanguardia.

 

A estas alturas, cecenas de comunidades han esbozado planes para integrar los coches y vehículos de tamaño similar (también llamado Vehículos Eléctricos de Proximidad o NEVs) en sus redes de transporte. En el este de Coachella Valley, Los Ángeles, los NEVs son totalmente habituales en las calles de Palm Springs o Rancho Mirage, e incluso en el autoservicios del McDonalds. En Greenville, Carolina del Sur, los residentes utilizan a los NEVs para ir a visitar a sus vecinos o para ir al mercado los fines de semana.

 

¿Por qué conducir un coche eléctrico? Ciertamente, la renta disponible, el clima cálido, y los asentamientos relativamente densos son requisitos previos. Pero los conductores también afirman que los también denominados carritos de golf permiten la antigua interacción social urbana.

“Es imposible negar lo divertidos que estos pequeños vehículos pueden llegar a ser”, escribía el consejo editorial de Noticias de Greenville el pasado año, “y la forma en que han servido para conectar mejor a los vecinos en un mundo tan ocupado como en el que vivimos.”

 

Comunidades suburbanas del conocido ‘Sun Belt’ o ‘Cinturón del Sol’ de posguerra parecían ser un sitio natural para la puesta en práctica de experimento de transporte, gracias a la planificación general y, por supuesto, a la proximidad y relevancia de sus campos de golf. Grandes desarrolladores como Gary Morse, el multimillonario que construyó The Villages, pudieron incluir caminos para los coches de golf en el diseño urbano desde el principio, vinculando hogares, servicios, tiendas y recreación.

 

“¿Por qué molestarse en ir de un sitio a otro con un enorme coche todos los días, especialmente si uno no se siente demasiado cómodo conduciendo, teniendo esta otra opción?”, pregunta Hannah Twaddell, una planificadora de la consultora de Virginia ICF International, que ha estudiado la tendencia.

 

El recurso de los vehículos eléctricos es evidente más allá de las comunidades de jubilados. En las ciudades costeras y otros enclaves turísticos compactos ya acostumbrados a una combinación de distintos modos de transporte, los coches de golf pueden fácilmente realizar el trabajo que hace un coche. “Son un poco como el iPad, entre el iPhone y el ordenador portátil”, dice Twaddell. “Es como esa herramienta media, que resulta extremadamente flexible.”

 

En el sur de Atlanta, el suburbio Peachtree City tiene ahora 11.000 carros de golf para 13.000 hogares. “Es casi nuestro sistema de transporte alternativo aquí”, dice Betsy Tyler, el secretario de la ciudad. Entre 1995 y 2010, docenas de subdivisiones circundantes autorizaron al coche de golf la conducción en las calles de la ciudad.

 

Los niños acompañados por un adulto pueden conducir un carrito de golf a los 12, y en su primer año de instituto, ya lo pueden conducir hasta sus centro solos, evitando las carreteras estatales con límites de velocidad elevados, en una intrincada red de puentes y túneles.

 

Gran parte de Peachtree City fue diseñado para vehículos eléctricos de baja velocidad. Pero cada vez más, las ciudades de clima cálido con poblaciones envejecidas están poniendo el ojo en equipar sus redes viales de la misma manera que las grandes ciudades están reelaborando sus redes para bicicletas.

 

Al este de Los Ángeles, la Asociación de Gobiernos del Valle de Coachella está elaborando planes con un coste de $100 millones para 45 millas de rutas especialmente diseñadas para bicicletas, peatones y vehículos eléctricos de baja velocidad a lo largo de las orillas de las aguas pluviales de la región, uniendo ocho ciudades y cientos de miles de personas.

 

“Lo que es diferente es que estamos construyendo este tipo de sistema en un entorno urbano existente”, dice Tom Kirk, director de la Asociación de Gobiernos del Valle de Coachella. “No existe nada como esto, que yo sepa; nunca antes se ha hecho nada parecido.”

 

La ruta verde del Valle de Coachella es un proyecto de transporte, pero los planificadores también lo ven como una iniciativa de mejora de la calidad del aire y la salud pública. Se prevé que el camino pueda sustentar a más de un millón de viajes en coche de golf al año, una vez se complete su construcción, lo que reducirá el tráfico de automóviles regional en miles de quilómetros.

 

Los ecologistas celebran el auge de estos pequeños vehículos con razón. Los coches de golf no implementan motores de combustión, y por lo general no van a más de 35 km por hora. La infraestructura que requieren puede ser utilizada a la vez por ciclistas, patinadores y corredores, y sus plazas de aparcamiento son un tercio del tamaño de la de los coches, lo que reduce enormemente la necesidad de grandes espacios de estacionamiento.

 

Algunos expertos ven en estos pequeños vehículos eléctricos una buena alternativa para la congestión viaria, en un mundo donde los centros de las ciudades, y no solo las comunidades de retiro, son el dominio de los ágiles y compartidos vehículos eléctricos. Para los planificadores del mundo real, sin embargo, su aumento representa cuestiones inmediatas. En un espectro que va desde los peatones a las 18 ruedas, quien debería estar compartiendo rutas?

 

Fuente: https://www.citylab.com/transportation/2015/09/more-towns-are-falling-in-love-with-golf-carts/406081/

Entradas relacionadas
Solicita información sin compromiso